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Temporada peligrosa de huracanes comienza en medio de pandemia COVID-19

, climate scientist | May 21, 2020, 12:32 pm EDT
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This post is a part of a series on COVID-19 and the Coronavirus Pandemic

COVID-19 nos tomó por asalto, pero probablemente no será la única amenaza que veremos este año.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) acaba de lanzar su pronóstico de la temporada de huracanes en el Atlántico para el año 2020, prediciendo una temporada más activa que la media con 13-19 tormentas con nombre, de las cuales 6-10 podrían convertirse en huracanes. De estos huracanes, 3-6 podrían ser mayores (categoria 3 o superior). Si se materializan las proyecciones, 2020 sería el quinto año consecutivo con una actividad ciclónica tropical superior a la normal. Además, el pronóstico de NOAA fue lanzado inmediatamente después de la primera tormenta tropical del Atlántico nombrada de la temporada, Arthur, que, por el sexto año consecutivo, se formó antes del inicio oficial de la temporada de huracanes, el 1 de junio.

A summary infographic showing hurricane season probability and numbers of named storms predicted from NOAA's 2020 Atlantic Hurricane Season Outlook.

Estados Unidos se está recuperando de la nueva pandemia de coronavirus, con más de 1,5 millones de casos y cerca de 93.500 muertes a nivel nacional al momento de escribir este informe.

Los efectos económicos y sociales completos, tanto de la enfermedad como de las medidas para contenerla aún no están claros, ya que la situación está en flujo constante, pero sabemos que tomará mucho tiempo para que las personas y el país se recuperen. A medida que exista una presión creciente para que los estados vuelvan a funcionar por el bien de la economía y se levantan las órdenes de quedarse en casa y otras restricciones, hacerlo demasiado pronto podría provocar una segunda ola de la enfermedad. Aunque no podemos decir cuál será la situación de la pandemia en los próximos meses, sí sabemos que la temporada de huracanes está a punto de comenzar y sus riesgos solo crecerán y potencialmente agravarán cualquier impacto de la pandemia.

El pronóstico de NOAA refleja el pronóstico de la Universidad Estatal de Colorado publicado en abril. Ambos basan sus predicciones principalmente en la ausencia de un El Niño durante todo el verano, además de temperaturas de la superficie del mar tropicales y subtropicales por encima del promedio. El Niño se ha relacionado con el aumento de los vientos del oeste que impiden condiciones óptimas para que se formen huracanes en el Atlántico tropical, mientras que las aguas superficiales del mar más cálidas que el promedio actúan como combustible para que los huracanes ganen fuerza, ya que las aguas cálidas traen consigo más humedad y otras condiciones propicias para la formación de huracanes. Los científicos han comparado las condiciones este año con las de 2005, cuando se desarrollaron 28 tormentas en el Atlántico y Katrina, y creen que esta podría ser la temporada más peligrosa desde entonces.

 

El cambio climático está empeorando los fenómenos meteorológicos extremos

 

Existe evidencia definitiva de que el cambio climático está empeorando progresivamente las temporadas de huracanes, como describí en un blog anterior. Las últimas cinco temporadas de huracanes nos han enseñado que los huracanes se están volviendo más fuertes, más húmedos, más lentos y más destructivos y todas estas tendencias están relacionadas con el calentamiento global. Un estudio recién publicado encontró que, en el período comprendido entre 1979 y 2017, el calentamiento global aumentó la probabilidad de que un ciclón tropical se convierta en una Categoría 3-5 en aproximadamente un 8% por década. Los huracanes también se están intensificando más rápido en comparación con los registros históricos, como los huracanes Harvey (2017), Michael (2018) y Lorenzo (2019), y solo esta semana con el ciclón Amphan en la Bahía de Bengala, ubicada al este de la India. Un estudio del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR, por sus siglas en inglés) también descubrió que las tormentas podrían llegar más tierra adentro con vientos más fuertes y más lluvia. Por estas y otras razones, es sumamente importante que la preparación para huracanes tenga en cuenta las restricciones pandémicas y los riesgos compuestos. La administración, las agencias federales y los gobiernos locales y estatales deben contar con planes y recursos de ayuda en caso de desastres.

La temporada de huracanes se acerca, e inundaciones, incendios forestales y, por supuesto, el calor extremo del verano también amenazan sobrecargar la ayuda federal para desastres en los próximos meses. La lista actual de NOAA de desastres de miles de millones de dólares incluye muchos casos de huracanes, así como incendios forestales, inundaciones, tormentas y otros eventos climáticos extremos. Con la posibilidad de que varios de estos desastres ocurran simultáneamente durante la temporada de huracanes, la capacidad de respuesta si ocurre un huracán puede verse significativamente disminuida.

 

Huracanes y convergencia con COVID-19

 

El siguiente mapa es una vista de las proyecciones de la pandemia en el 27 de junio, a principios de la temporada de huracanes. Un total de 8 millones de personas pueden estar infectadas en los estados con riesgo de huracanes si existe un 20% de reducción semanal en contacto social. El mayor riesgo de huracanes generalmente se encuentra en estados desde la costa del Atlántico medio hasta Florida y a lo largo de la costa del Golfo hasta Texas. Sin embargo, los estados de Nueva Inglaterra no están completamente fuera de peligro, ya que desde 1938, siete huracanes han tocado tierra en la región. Nueva Inglaterra y muchos estados del interior también se han visto afectados por los huracanes después de tocaren tierra, especialmente debido a precipitaciones extremas e inundaciones, incluso si los huracanes han sido degradados a tormentas tropicales. En la temporada de huracanes de 2019, fue estimado que 7,2 millones de hogares correrían riesgo de daños por tormentas en los estados a lo largo de las costas del Atlántico y del Golfo, con Florida, Texas y Louisiana encabezando la lista, y los números deben ser similares este año. NOAA estimó en 2010 que el 39 por ciento de la población de EE. UU. residía en los condados costeros.

El mapa muestra la diferencia en el número de casos de COVID-19 entre el escenario utilizado para el mapa de Florida y uno en el que solo hay una reducción semanal del 20%, sin aumento en el contacto social en la reapertura de los condados. Estos son el número total de casos en lugar del número confirmado de casos. Datos de proyecciones de: https://github.com/shaman-lab/COVID-19Projection

 

Florida es uno de los estados más vulnerables cuando se trata de huracanes. Un estudio reciente de la Florida Atlantic University (FAU) mostró que 10 de sus 67 condados, principalmente en la zona Panhandle e incluyendo algunos de los más afectados por el huracán Michael en 2018, lamentablemente no están preparados para las evacuaciones de la temporada de huracanes, especialmente en el en medio de una pandemia. Cuando agregamos las proyecciones de infecciones por coronavirus para esos condados (vea la figura a continuación), la imagen es sombría – y ese es solo un estado. Estar preparado tanto para los huracanes como para COVID-19 es una tarea difícil para cualquier estado, claro, pero las prioridades estatales ahora deben ser identificar y llenar los vacíos más peligrosos en sus preparaciones, a la luz de los riesgos y peligros compuestos.

Las proyecciones del mapa son el número total de casos de COVID-19 para el 27 de junio y se basan en un escenario en el cual existe 20% de reducción semanal en el contacto social en los condados donde los casos aumentan + 10% de aumento semanal en el contacto para los condados que han reabierto, con el este último anula al primero. Mapa de preparación para evacuación de FAU (http://cues.fau.edu/research/evacuation/). Datos de proyecciones de: https://github.com/shaman-lab/COVID-19Projection

 

Comunidades y agencias federales, estatales y locales deben prepararse

 

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) es la agencia encargada de la respuesta y recuperación de COVID-19 en todos los estados y territorios. También es responsable de la preparación para emergencias por huracanes y la recuperación ante desastres. La intersección de la pandemia con la temporada de huracanes no tiene precedentes y es desafortunada, ya que se desarrollará a medida que los recursos y el personal de FEMA se pueden agotar con la respuesta a la pandemia y a una serie de desastres desde 2017, lo que dificultará que la agencia enfrente el desafío de desastres que ocurren simultáneamente. FEMA ha preparado una guía específica para la preparación para huracanes en una era COVID-19, y su Administrador declaró que FEMA está planeando evacuaciones seguras, protección de segmentos vulnerables de la población y considerando la posibilidad de otros desastres simultáneos y riesgos compuestos, como incendios forestales. Lea más sobre las políticas y soluciones de preparación y respuesta ante huracanes y COVID-19 en el blog de mi colega Rachel Cleetus.

 

COVID-19 puede afectar los procedimientos de evacuación

 

Además de la asistencia del gobierno, sabemos que el estado socioeconómico de las personas contribuye a la preparación y recuperación ante desastres, así como a su capacidad para lidiar y tomar decisiones acertadas. Un proyecto iniciado 10 años después de Katrina buscara predictores de resiliencia a largo plazo en las comunidades afectadas, y encontró una variedad de factores que parecen ayudar con la resiliencia y la recuperación después de un desastre: recursos financieros, por supuesto, pero también lazos sociales y culturales, y acceso a vivienda estable después del evento parecen ser factores importantes. Es importante considerarlos en una emergencia, cuando se le pide a una comunidad que evacue, y también en su decisión de regresar. Después de Katrina, muchas personas se mudaron, particularmente al área de Houston, pero un estudio basado en datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (Americam Community Survey) encontró que un año después de Katrina tocar tierra, aproximadamente el 53 por ciento de los residentes adultos de Nueva Orleans regresaron, muchos de ellos a su vivienda original.

Las diversas medidas para limitar el movimiento dentro y entre los estados se suman a esas decisiones: ¿a dónde podrían ir las personas de manera segura, si pueden evacuar? Un escenario en el que muchas personas no evacuan tampoco está fuera de discusión, ya que la evacuación requiere recursos que muchos pueden no tener: transporte, alojamiento, dinero. El confinamiento también tiene uso intensivo de recursos, donde las personas pueden ver un aumento en las facturas de electricidad, el consumo de alimentos y otros gastos.

¿Cómo le pueden hacer frente las personas que han sido despedidas debido a la crisis de COVID-19 cuando tienen poco efectivo? Sabemos que los latinos y los afroamericanos se están quedando desempleados durante la actual crisis económica a tasas más altas que los blancos y otros, y muchos en estos segmentos de la población también son más afectados por COVID-19. Las personas no blancas y las que luchan con bajos ingresos también se ven afectadas históricamente de manera diferente y más dura por desastres como huracanes e inundaciones, y la forma en que se maneja la ayuda federal dificulta la recuperación. La identificación de las personas más vulnerables a estos riesgos compuestos debe ser una parte integral de cualquier plan de respuesta a desastres, una lección que deberíamos haber aprendido de desastres pasados ​​como Katrina.

Más de un millón de personas estaban bajo órdenes de evacuación cuando el huracán Dorian se acercó a los Estados Unidos el año pasado. Imagine a un millón de personas en movimiento ahora mismo, todas tratando de encontrar un refugio seguro. Los funcionarios de respuesta a emergencias deben desarrollar planes de evacuación seguros para COVID-19, con ubicaciones seguras y distanciamiento social, teniendo en cuenta a los más vulnerables social y económicamente. Las comunidades también deben aprender a prepararse ahora para esta temporada de huracanes única, para que todos salgan sanos y salvos.

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