La temporada de huracanes de 2020 bate récords en EE.UU. por cantidad de tormentas, intensificación rápida

November 30, 2020
Master0Garfield, Public domain, via Wikimedia Commons
Astrid Caldas
Senior Climate Scientist

Hemos llegado al final oficial de la temporada de huracanes, y 2020 será uno para los libros de récords. Mirando hacia atrás a estos últimos seis meses, (siete si se cuenta desde mayo, cuando las primeras tormentas nombradas comenzaron a formarse), hay muchas estadísticas y patrones notables que destacan esta temporada de huracanes y la manera en que el cambio climático puede haber contribuido a su importancia.

Figura de NOAA

 

La actividad de huracanes de este año batió algunos récords. Hasta el día de hoy, hemos tenido un récord de 30 tormentas con nombre, de las cuales 13 se convirtieron en huracanes. Los dos primeros, Arthur y Bertha, se formaron antes del 1 de junio, el inicio oficial de la temporada de huracanes. El tercero se formó el 1 de junio.

Esta es también la segunda vez en la historia de nombres de tormentas tropicales (la primera vez fue en el 2005) que el Centro Nacional de Huracanes (NHC por sus siglas en inglés) tuvo que usar las letras del alfabeto griego para nombrar las tormentas después de que se agotó la lista regular de nombres.

A medida que avanzaba la temporada, las tormentas en general se hacían más fuertes; la imagen de abajo da una buena idea de esta progresión. Aunque un patrón como este puede ocurrir, no suele ser tan sorprendente como el de este año (por ejemplo, consulte los cronogramas de 2005, 2017, 2018, and 2019).

Wikipedia (https://en.wikipedia.org/wiki/Timeline_of_the_2020_Atlantic_hurricane_season)

 

Afortunadamente, el alto nivel de actividad no resultó en un mayor número de huracanes fuertes. A pesar de que el 2020 marcó un récord de tormentas con nombre, este año ocupa el segundo lugar en número de huracanes y huracanes fuertes. El pronóstico actualizado de agosto de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) había previsto entre 19 y 25 tormentas (en lugar de los 13 a 19 que había pronosticado en mayo), con 7 a11 convirtiéndose en huracanes (en lugar de 6 a 10), de los cuales entre 3 y 6 serían fuertes, de categoría 3 o superior. Esta última predicción no cambió con respecto al pronóstico original. Entonces, el año 2020 superó la cantidad de tormentas y huracanes con nombre pronosticadas, pero hasta el momento seis de los 13 huracanes fueron fuertes, dentro de lo previsto. De todas las tormentas nombradas, 12 tocaron tierra en Estados Unidos, otro récord, y seis fueron huracanes.

 

Tanto los estados del Golfo de México como los de la costa este se vieron afectados por los huracanes que tocaron tierra y, sorprendentemente, muy pocos condados costeros no se han visto afectados por los vientos de tormentas tropicales durante esta temporada. Muchas de las tormentas del 2020 se formaron en el Caribe o el Golfo de México, y por eso nueve de las 12 tormentas que tocaron tierra en EE. UU. lo hicieron en los estados del Golfo. Louisiana, por ejemplo, sufrió cinco tormentas a partir de mayo.

Este fue el sexto año consecutivo en el que se formaron tormentas con nombre antes del inicio oficial de la temporada, y la quinta temporada consecutiva con al menos un huracán de categoría 5. También fue el primer año en tener dos huracanes fuertes durante el mes de noviembre (Eta e Iota, de categorías 4 y 5 respectivamente). El mes de septiembre del 2020 tuvo 10 tormentas, casi igual al número promedio de tormentas en una temporada entera, que actualmente es 12.

La temporada del 2020 también tuvo 27 tormentas con nombre con el récord de formación más temprana por letra inicial; la mayoría de los récords anteriores se establecieron en 2005.

Un poco de ciencia

Una característica de la temporada 2020 que se discutirá durante bastante tiempo es la rápida intensificación de las tormentas. Diez tormentas hasta la fecha han visto vientos sostenidos ganar 35 mph o más en velocidad en 24 horas o menos, con Eta e Iota batiendo todos los récords con aumentos de 80 mph a medida que se acercaban a tocar tierra en la costa de Nicaragua. La temporada del 1995 también tuvo 10 tormentas que se intensificaron rápidamente, pero no al mismo ritmo. Algunos científicos argumentan que es probable que la rápida intensificación se convierta en una característica más común de las tormentas futuras, lo que dificulta pronosticar la intensidad de huracanes cuando van a tocar tierra.

Investigaciones han demostrado que la rápida intensificación se ha vuelto más frecuente en los últimos 40 años, un patrón que no es respaldado por modelos de variación climática interna por sí solos. Esto sugiere que el calentamiento global causado por el hombre podría ser un factor importante. Otro estudio determinó que la probabilidad de que un huracán se intensificara pasó de 1 en 100 a principios de los años 80 a 1 en 20 a mediados del 2005.

Lo que estamos viendo en EE. UU. también se está viendo en todo el mundo. Tifones que se intensificaron rápidamente han causado estragos en Asia este año, y vimos tormentas que cruzaban el Caribe y golpeaban a los países de América Central al formarse huracanes fuertes en menos de 24 horas. Nicaragua fue azotada por dos huracanes de categoría 4 en el espacio de dos semanas, algo nunca antes visto.

He escrito en este blog que los huracanes se están volviendo más fuertes, más húmedos, más lentos y más destructivos, y todas estas tendencias se han vinculado al calentamiento global antropogénico de una forma u otra. Desde entonces, nuevos estudios también han señalado que la relación entre el calor y la intensidad de los ciclones tropicales se está volviendo más claro, y que su intensidad en las últimas cuatro décadas ha aumentado.

Otra nueva característica de los huracanes del Atlántico, determinada en un estudio, es que van perdiendo fuerza más lentamente. Mientras que en los años 60 el huracán perdió el 75 por ciento de su fuerza dentro de las 24 horas posteriores a tocar tierra, hoy solo pierde el 50 por ciento en la misma cantidad de tiempo. Eso contribuye a un mayor impacto de las lluvias y los vientos.

El pronóstico muy activo publicado en agosto por NOAA se basó en algunas variables que históricamente han afectado la actividad de los ciclones tropicales del Atlántico.

Además de las temperaturas de la superficie del mar anormalmente cálidas, que actúan como un tipo de “combustible” para la formación de tormentas, había otros factores en juego. El establecimiento de un patrón de La Niña, que históricamente afecta los fuertes vientos en el Atlántico, tiende a disminuir la cizalladura vertical del viento que podría ayudar a prevenir la formación de un ciclón tropical. Además, según la NOAA, un patrón climático a gran escala llamado Oscilación Atlántica Multi-Decadal también ha favorecido temporadas de huracanes más activas desde el 1995, haciendo que las condiciones del viento en los trópicos sean más propicias para la formación de ciclones tropicales. Esto favorece los vientos alisios tropicales más débiles del Atlántico y el fortalecimiento del monzón de África occidental, que también afectan la formación de ciclones tropicales del Atlántico.

Costos y futuro de los huracanes

Los ciclones tropicales son los desastres meteorológicos y climáticos más costosos, sin duda debido a sus impactos generalizados: marejada ciclónica, viento, lluvia. Todos se unen para crear riesgos compuestos en las áreas afectadas. Además, la recuperación de los huracanes (ecológica, estructural, económica) tiende a durar años y los impactos en la salud aumentan los costos.

La tendencia hacia una intensificación más rápida, especialmente cuando una tormenta se acerca a tocar tierra, puede hacer que los preparativos y las evacuaciones sean más difíciles, si no imposibles, y seguramente aumentará el peligro para las personas y también los costos de estos desastres.

Además, no podemos olvidar que las tormentas se están formando de manera más constante antes y después de la temporada oficial de huracanes, y esa extensión puede significar un período más largo de recuperación ante desastres, así como un período más largo durante el cual las comunidades tendrán que permanecer en un estado de preparación.

Especialmente costoso y preocupante desde el punto de vista de la preparación y la recuperación es cuando las tormentas azotan sucesivamente la misma zona. El huracán Laura azotó el área de Lake Charles en Louisiana en agosto como categoría 4, una de las tormentas más fuertes que golpeó el estado. Luego, el huracán Delta asoló la misma área general solo seis semanas después, mientras muchas casas todavía tenían los tejados cubiertos de lonas, y la gente de la región, especialmente los segmentos de la población de bajos ingresos, estaba lejos de recuperarse.

Por último, pero ciertamente no menos importante, estamos lidiando con una pandemia que se sumó a los desafíos de las evacuaciones, el refugio y la recuperación. Debido a la confluencia sin precedentes de la temporada de huracanes y la pandemia, muchos funcionarios de preparación para emergencias aprendieron cómo acomodar mejor a los evacuados mientras intentaban contener la propagación del nuevo coronavirus.

La crisis económica de la pandemia también está provocando una falta de recursos, tanto para las personas como para las autoridades, para enfrentar el desastre de manera efectiva y tomar las medidas adecuadas, algo que podría tardar años en resolverse. La pandemia es, por supuesto, una preocupación en todo el mundo, y en todas partes la gente está luchando para hacer frente a estos riesgos compuestos.

La necesidad de acción

Existe una necesidad urgente de políticas y financiación para una preparación equitativa antes de que ocurran desastres, para ayudar a reducir los costos y acelerar la recuperación después del desastre. Los recursos y la asistencia técnica también deben repartirse de manera equitativa para que los más necesitados y con la menor capacidad de recuperación tengan los medios para hacerlo.

Sabemos que el calentamiento global inducido por el hombre está empeorando las tormentas y trayendo consigo más destrucción. También sabemos que tenemos un camino conocido para reducir las emisiones de carbono que están elevando las temperaturas.

Es imperativo que los países, incluido EE. UU., sigan aumentando la ambición de sus promesas de reducir las emisiones del calentamiento global y limitar el calentamiento por debajo de los 2 grados centígrados, como se prometió en el Acuerdo de París. Solo con evitar lo peor del cambio climático también limitaremos la ira de los huracanes, salvando vidas, propiedades y recursos.

Pero por ahora, sea como sea, esta temporada sin precedentes es una para los libros de historia.